Las pastillas para dormir recetadas quizás le ayuden a obtener el descanso que necesita de noche, pero usarlas de forma rutinaria también podría aumentar las probabilidades de que muera o desarrolle ciertos tipos de cáncer, sugiere una investigación.

Un nuevo estudio propone que los que toman esos fármacos tienen cuatro veces más probabilidades de morir que los que no. Además, la investigación muestra que el uso de somníferos también se asocia a un mayor riesgo de ciertos cánceres. Los hallazgos aparecen en la edición en línea del 27 de febrero de la revista BMJ Open.

Las pastillas para dormir relacionadas con estos riesgos incluyen a benzodiacepinas como el temazepam; no benzodiacepinas como Ambien (zolpidem), Lunesta (eszopiclone) y Sonata (zaleplon); los barbitúricos; y los antihistamínicos sedantes.

El nuevo estudio solo muestra una asociación entre los somníferos y el riesgo de muerte, no una relación de causalidad, y muchos expertos urgen no saltar a ninguna conclusión a partir de los hallazgos.

Sin embargo, el autor del estudio se mostró menos reticente.

“Las pastillas para dormir populares se asocian con un chocante exceso de muertes y un horrible aumento en nuevos cánceres”, aseguró el Dr. Daniel Kripke, del Centro del Sueño de la Familia Viterbi de la Clínica Scripss en La Jolla, California.

Muchos estadounidenses usan pastillas para dormir. En 2010, entre uno de cada veinte y uno de cada diez adultos tomaron una pastilla para dormir en EE. UU.

En el nuevo estudio, el equipo de Kripke dio seguimiento a más de 10,500 personas con una edad promedio de 54 años. Esos pacientes sufrían de una variedad de afecciones de salud subyacentes, y se les habían recetado pastillas para dormir durante un promedio de unos 2.5 años entre 2002 y 2007. Los investigadores compararon los riesgos de muerte y cáncer de estos pacientes con los de personas que no tomaban pastillas para dormir.

Aquellos a quienes se recetó hasta 18 dosis al año tenían 3.6 veces más probabilidades de morir que sus contrapartes a quienes no se recetó nada, mientras que los que recibieron recetas para 18 a 132 dosis tenían más de cuatro veces más probabilidades de morir, mostró el estudio. Los que tomaban más de 132 dosis al año tenían un riesgo de muerte cinco veces más elevado, frente a los que no obtuvieron ninguna receta. Esto sucedió independientemente de la edad, pero los riesgos eran mayores para los individuos de 18 a 55 años.

Específicamente, hubo 265 muertes entre 4,336 personas que tomaban Ambien, en comparación con 295 muertes entre las 23,671 personas que no habían tomado sedantes ni pastillas para dormir.

Los que tomaban las dosis más altas también estaban en mayor riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer, como de esófago, linfoma, de pulmón, de colon y de próstata. De forma interesante, los riesgos de leucemia, cáncer de mama, cáncer de útero, cáncer de vejiga y melanoma no se elevaron. Los problemas de salud preexistentes no descartaron la asociación, añadieron los investigadores.

Kripke enfatizó que muchos mecanismos conocidos podrían explicar el aumento en los riesgos. Por ejemplo, la regurgitación esofágica podría llevar al cáncer de esófago. Estos medicamentos también podrían empeorar la apnea del sueño, y podrían hacer que las personas sean más susceptibles a caídas y accidentes de automóvil.

“No veo la ocasión de recetar las pastillas para dormir particulares estudiadas”, aseguró Kripke.

Sin embargo, otros expertos no daban la voz de alarma.

El Dr. Victor Fornari, director de psiquiatría infantil y adolescente del Hospital Zucker Hillside del Sistema de Salud Judío North Shore-Long Island en Manhasset, Nueva York, señaló que las personas que toman somníferos no deben entrar en pánico. El aumento en el riesgo de muerte podría tener varias razones que tengan poco que ver con las pastillas, y más con los motivos de que las personas las tomen, explicó.

“El sueño es lo primero que se ve afectado cuando alguien está en distrés debido a una enfermedad médica o a problemas psicológicos”, señaló. “Se trata de fármacos seguros y eficaces cuando son recetados por un médico como parte de un plan integral de tratamiento”.

“No deje de tomar estos medicamentos si cree que los necesita y los toma con la receta de un médico, pero tenga en cuenta que no deben tomarse de forma frívola y que hay alternativas como evitar las siestas, hacer un ejercicio adecuado, eliminar la cafeína y hacer otros tipos de cosas que mejoran la higiene del sueño”, aconsejó Fornari.

Pero el Dr. Bryan Bruno, presidente en funciones del departamento de psiquiatría del Hospital Lenox Hill en la ciudad de Nueva York, advirtió contra el uso crónico de las pastillas para dormir.

“Pueden resultar peligrosas, e idealmente se usan de forma temporal o a corto plazo”, dijo. “Si es posible, se debe evitar el uso crónico, sobre todo dado que conllevan riesgos, que incluyen la dependencia. No son benignas ni libres de riesgo, y se deben usar con cuidado”.

Artículo por HealthDay, traducido por HolaDoctor.com

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