Los implantes de estimulación cerebral profunda (ECP), una técnica que requiere cirugía para enviar impulsos eléctricos a unas redes de neuronas que están hiperactivadas, se han convertido en una prometedora terapia para los pacientes con depresión profunda que se encuentran en un estado grave y no responden a otros tratamientos.

El último estudio publicado sobre el tema en la revista “Archives of General Psychiatry” demuestra su seguridad y eficacia en personas con depresión grave y en pacientes con trastorno bipolar. La principal autora de la investigación, la psiquiatra Helen Mayberg, ha sido junto con el neurocirujano Andrés Lozano, quien empezó a aplicar esta técnica en la depresión.

Comenzaron en 2003, y el grupo de Lozano es el que obstenta el mayor seguimiento a largo plazo de personas con depresión grave tratadas con la ECP. “Tras seis años de seguimiento a 20 participantes, hemos comprobado que esta técnica es segura y eficaz para un 64% de los pacientes”, afirma Lozano.

La terapia consiste en implantar unos electrodos en el área subcallosa del cingulado, o área CG25, del cerebro. Estos electrodos irán unidos mediante un cable por debajo de la piel a un neuroestimulador que se coloca debajo de la clavícula o en el abdomen, también de forma subcutánea. El neuroestimulador actúa a modo de un marcapasos, enviando impulsos eléctricos a esa zona del cerebro para apagar su actividad. Este marcapasos funciona con una pila que dura unos dos años, tiempo tras el cual hay que reemplazar mediante una sencilla intervención. El paciente debe llevar este implante de por vida.

Aunque todavía no se conoce su efecto a largo plazo, el mayor seguimiento que se ha hecho es de seis años a unos 20 pacientes, se sabe que a corto plazo funciona. Pero al ser una técnica invasiva no está exenta de riesgos, el más importante es la hemorragia intracraneal que puede ocurrir al insertar los electrodos, aunque el riesgo es muy bajo, inferior al 1%. Otro tipo de problemas son las infecciones, que de producirse se pueden tratar con antibióticos o retirando el dispositivo. “En nuestros pacientes no hemos tenido ninguna de estas complicaciones”, afirma Dolors Puigdemont, psiquiatra del Hospital de Sant Pau i de la Santa Creu de Barcelona, que ha tratado a 10 personas con depresión grave.

La mayor experiencia con esta técnica se tiene en los pacientes con Parkinson, en los que se lleva años aplicando para disminuir los temblores típicos de la enfermedad. En todo el mundo, hay unas 90.000 personas tratadas, la mayoría para este trastorno neurológico, aunque también se utiliza la ECP en otras enfermedades como la epilepsia o el trastorno obsesivo compulsivo (TOC).

Via: El Mundo.es

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