Los niños pueden enfrentarse a toda una vida de problemas tras sufrir de lesiones en la cabeza por caídas, accidentes u otros percances, según un estudio.

Desde déficits con la comunicación hasta problemas con el autocuidado cotidiano, los efectos de las lesiones cerebrales de moderadas a graves pueden llevar a una “reducción sustancial a largo plazo” en la calidad de vida de los niños que sufren de una lesión cerebral traumática, hallaron los investigadores.

Los hallazgos “enfatizan la necesidad de prevención”, señaló el líder del estudio, el Dr. Frederick Rivara, profesor de pediatría de la Facultad de salud pública de la Universidad de Washington, en Seattle. “Muchas de estas lesiones se pueden prevenir mediante el uso de cascos de bicicleta, el uso de los cinturones de seguridad, y asegurarse de que las escaleras tengan barreras”. Añadió que las escuelas también deben pensar en reglas distintas para el fútbol americano.

El estudio, que aparece en la edición en línea del 24 de octubre y en la edición impresa de noviembre de la revista Pediatrics, observó a 729 niños menores de 18 años de edad, tratados por lesiones cerebrales en salas de emergencias de Seattle y Filadelfia en 2007 y 2008. La mayoría de las lesiones resultaron de caídas y accidentes de coche, anotó el estudio. Pocas se relacionaron con agresiones o abuso, dijo Rivara.

Los niveles de funcionamiento de los niños antes de la lesión se determinaron a través de entrevistas telefónicas, usualmente con los padres. Se les administró pruebas tres meses, un año y dos años más tarde para evaluar las distintas habilidades y conductas. Entre otras cosas, se evaluó si los niños estaban deprimidos, jugaba o interactuaban con los demás, eran víctimas de bromas, tenían problemas para concentrarse o recordar, y si podían hacer cosas “que los demás niños pueden hacer”, señaló Rivara.

También se evaluó si los niños podían “tener una conversación o conversar sobre un tema”, y hacer cosas como usar el baño, cepillarse los dientes, y comer y vestirse solos, apuntó.

Además, se hicieron comparaciones con un grupo distinto de 197 niños que acudieron a las mismas salas de emergencias con lesiones del brazo durante el mismo periodo.

La investigación halló que la mayoría de niños con lesiones de la cabeza (alrededor del 85 por ciento) sufrían de trauma leve. Algunos de esos niños tenían déficits a los tres meses, pero pocos sufrieron de una pérdida duradera en las actividades sociales y de la vida cotidiana.

Pero se observaron efectos duraderos entre los que sufrieron una lesión leve que también padecieron una hemorragia cerebral, y entre los que sufrieron una lesión cerebral entre moderada y grave. Esos niños se enfrentaban a obstáculos en la vida cotidiana, las actividades escolares y los deportes al final del periodo de investigación de dos años.

Los niños más gravemente lesionados tenían una menor calidad de vida que los niños que se sometían a tratamiento activo para el cáncer, apuntaron los investigadores.

Los niños del grupo de control no tenían déficits significativos después de dos años, según la investigación.

Los niños con problemas significativos después de dos años tenían pocas probabilidades de lograr grandes mejoras en su condición, pero los investigadores siguen recolectando datos sobre los niños del estudio, apuntó Rivara.

Los datos mostraron que los chicos eran más del doble de propensos que las chicas a sufrir lesiones de la cabeza, y que los más pequeños (de menos de 4 años) y los más grandes (entre los 15 y los 17) eran los más propensos a sufrir de lesiones entre moderadas y graves.

Los niños de 10 a 17 años sufrieron la mayor parte del número total de lesiones graves, que otra experta atribuyó a los deportes organizados.

“Es el grupo de edad en que juegan más deportes”, apuntó la Dra. Gail L. Rosseau, neurocirujana del departamento de neurocirugía del Sistema de Salud de la Universidad de NorthShore, en Chicago.

Rousseau afirmó que el estudio estuvo “bien diseñado”, y dijo que apunta a la necesidad de que más estados promulguen leyes similares a la ley Zachery Lystedt de Washington, diseñada para proteger a los estudiantes atletas. La ley recibió ese nombre por un estudiante de secundaria que sufrió de daño cerebral permanente cuando jugaba al fútbol americano.

Apuntó que las leyes de 30 estados y Washington, D.C., requieren que los jugadores con síntomas de conmoción, una forma leve de lesión cerebral, sean evaluados por un profesional en atención de la salud antes de volver a jugar. Entre los síntomas de la conmoción se incluyen mareo, náuseas y dolor de cabeza.

“El fútbol americano profesional ha cambiado algunas reglas para intentar reducir la incidencia de conmociones, y las secundarias también deben considerarlo”, señaló Rivara.

“No es solo el fútbol americano”, comentó Rosseau, al anotar que el fútbol femenino es la segunda causa principal relacionada con el deporte de lesiones entre los niños.

El rendimiento académico de los niños del estudio se presentará por separado.

Los autores del estudio reconocieron que éste tiene varias limitaciones, que incluyen el hecho de que el nivel anterior de funcionamiento de los niños fue evaluado por los padres y no por profesionales.

Para comprender mejor por qué los síntomas persisten en algunos niños, se necesita investigación adicional, añadieron.

Artículo por HealthDay, traducido por Hispanicare

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