Una de cada cinco adultas no puede controlar los intestinos, según un estudio realizado en Australia.

En esas mujeres, también son comunes los problemas urinarios porque la posibilidad de sufrir incontinencia aumenta con la edad.

Las estadísticas varían porque, en parte, a las personas afectadas les avergonzaría hablar de ese problema.

Algunas pruebas sugieren que los cambios corporales por el envejecimiento o los partos elevarían el riesgo de desarrollar incontinencia fecal.

“El estudio es importante porque no contamos con muchos datos sobre este problema en gente sana”, dijo la doctora Susan Davis, de la Monash University en Melbourne, Australia.

El equipo de Davis envió cuestionarios a 442 mujeres, de 26 a 82 años. Ellas respondieron sobre hábitos relacionados con la salud y la conducta, incluidos los síntomas de incontinencia urinaria y fecal.

Un total de 91 mujeres (o 20 de cada 100) habían tenido incontinencia fecal “suelta” (con pérdida de materia fecal líquida) en algún momento de los tres meses previos. Cinco de cada 100 mujeres dijeron también que en ese período habían tenido incontinencia fecal “sólida”.

Ambos tipos de incontinencia eran más frecuentes en las adultas mayores: una de cada tres mujeres de 65 a 74 años tenía incontinencia, comparada con una de cada siete de entre 45 y 54 años.

Las participantes con incontinencia fecal líquida eran más propensas a sufrir también de incontinencia urinaria que las mujeres sin el trastorno anal. Eso es quizás porque en ambas condiciones participarían los mismos nervios y tejidos, comentó Davis.

La relación se mantuvo tras considerar la edad y el peso de las mujeres.

Haber o no haber tenido un hijo no modificó la posibilidad de desarrollar incontinencia.

Estudios previos habían identificado una tasa más baja de incontinencia (entre 2 y 17 de cada 100 participantes); para el equipo, la medición de la prevalencia a través de un cuestionario sería más precisa que la entrevista cara a cara porque es un tema que avergüenza.

Aun así, los resultados publicados en la revista Menopause podrían subestimar la frecuencia de la incontinencia fecal. Si las incontinencias fecal y urinaria están relacionadas, la cohorte no sería representativa de la población.

La doctora Emily Lukacz, experta en incontinencia de la University of California en San Diego, consideró que una cifra tan alta de mujeres con incontinencia fecal (20 de cada 100) no saldría del rango real.

“Gran parte de la falta de conciencia sobre este problema proviene quizás de la vergüenza que produce”, dijo Lukacz, que no participó del estudio.

Los resultados, agregó Davis, demuestran que muchas mujeres con incontinencia fecal estarían sufriendo innecesariamente. Opinó que los médicos deberían indagar sobre los síntomas de la incontinencia fecal en pacientes con incontinencia urinaria y que las mujeres no deberían mantener en reserva ese problema.

En algunos casos, dijo Davis, se resuelve con un cambio de estilo de vida, como aumentar el consumo de fibra.

FUENTE: Menopause, publicado online 19 de febrero del 2011
Reuters Health

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