Universidad de California en Irvine, Beck descubrió que cantar libera químicos que crean una sensación de bienestar y felicidad en el cerebro. Cantar hace que produzcamos inmunoglobulinas A (IgA), una hormona que puede combatir la hormona del estrés conocida como cortisol, activando de esa manera el sistema inmunológico y generando en el cuerpo “proteína buena”.


Donna Bentley maneja 45 minutos para llegar a la oficina donde trabaja como fiscal adjunto en New Bedford, Massachusetts, y en ese lapso ocurre algo que su hijo califica de “criminal”: a veces se transforma en Cher.

“Do you believe in life after love?”, canta apasionadamente al ritmo de la música ensordecedora. ”I can feel something inside me say, I really don’t think you’re strong enough now”.

Bentley es una más de los miles de personas que viven una doble vida; una más de los incalculables individuos que cantan como Jon Bon Jovi en sus Toyotas, braman como Pink en su Fords o canturrean como Smokey en su Prius.

Cantar en el auto, dicen los expertos, es un impulso primario profundamente arraigado y que aún no se termina de comprender. Pero si nuestros antepasados neandertales tarareaban alegremente mientras arrastraban una res muerta por la sabana- y los científicos piensan que así fue- ese mismo impulso sigue vigente hoy en día.

De hecho, debido a que los trayectos son cada más largos y la gente está aprovechando la amplia gama de opciones de alta fidelidad en los aparatos de sonido, quienes cantan en el auto son cualquier cosa menos una especie en extinción.

Los trayectos largos pueden ser más llevaderos con una radio satelital, donde los escuchas pueden disfrutar caprichos específicos, como estaciones dedicadas completamente a Led Zeppelin.

Encuestas realizadas por la industria sugieren que casi todos los autos 2009 vendrán equipados con una entrada para iPod o MP3, lo que permitirá a los conductores escuchar las canciones que elijan.

Podría parecer un cambio pequeño pero no es así, indicó Dan Levitin, profesor de psicología de la Universidad McGill de Montreal y autor del libro ”The World in Six Songs; How the Musical Brain Created Human Nature” (El mundo en seis canciones; de qué manera el cerebro musical creó la naturaleza humana). “En los últimos años hemos estado escuchando, cantando y haciendo más música”, señaló
Levitin.

Un adolescente actual de 16 años escucha más música de lo que escuchó su abuelo en toda una vida”, mencionó. “Ahora puedes sostener en la mano toda la programación de una estación de radio”, dijo. “La tecnología nos ha dado libertad”. Y eso incluye la libertad de cantar en el auto.

Tom Vanderbilt, autor de ”Traffic, Why We Drive The Way We Do and What it Says About Us” (Tráfico: por qué manejamos como lo hacemos y qué dice eso acerca de nosotros), mencionó que también piensa que cada vez más gente canta en su auto, aunque esto no se ha documentado de forma concluyente. Sin embargo, estudios muestran que cada vez más personas están recorriendo distancias mayores en sus autos y sin ninguna compañía. Y es esta atmósfera semiprivada del automóvil lo que podría impulsar a muchas personas a cantar y cantar mala música en voz alta.

“La gente tiene sus debilidades, sus secretos, algunos placeres que les generan culpa”, dijo. “El auto representa un lugar “seguro” para esas personas, uno en el que pueden escuchar las canciones que no quieren poner en su casa o lugar de trabajo”.

Sin embargo, Robert Beck, psicólogo que llevó a cabo una investigación enfocada a cantantes, indicó que la música no importa tanto como la reacción que tiene frente a ésta el la escucha. En su estudio con cantantes universitarios de la Universidad de California en Irvine, Beck descubrió que cantar libera químicos que crean una sensación de bienestar y felicidad en el cerebro.

Cantar hace que produzcamos inmunoglobulinas A (IgA), una hormona que puede combatir la hormona del estrés conocida como cortisol, activando de esa manera el sistema inmunológico y generando en el cuerpo “proteína buena”.

“Al parecer es la emoción que rodea al cantar lo que la aumenta”, dijo Beck en referencia a la IgA. Este efecto inmune no es lo suficientemente poderoso para prevenir un resfriado, dijo Beck pero sirve para “neutralizar la sensación de estar paralizado” en el tráfico.

“Es como ir a que te hagan un manicure o al spa”, dijo Bentley. “Siento que es un momento que sólo me pertenece a mí. No tengo que compartir el radio o contestar el teléfono o responder a la gente que dice ‘Dona, haz esto o aquello'”, mencionó. (Traducción: Gabriela Cornejo). Megan Woolhouse/ The Boston Globe

Post relacionados