Cada vez son más las instituciones y hospitales que buscan combinar las terapias convencionales, como la quimioterapia, con prácticas como el yoga y la meditación.

En el Centro del Cáncer MD Anderson, de la Universidad de Texas, en Houston, desde hace varios años investigan los efectos positivos de combinar ambos acercamientos.

Lo que intentan hacer, explicó en entrevista Cohen, es “incorporar programas mente-cuerpo de distintas culturas y tradiciones” al plan para curar diversos tipos de cáncer.

“Nos interesa examinar los beneficios no sólo en la calidad de vida, sino también fisiológicos, biológicos, así que también analizamos las hormonas del estrés y los cambios en el sistema inmunológico”, explicó en entrevista telefónica.

Por ejemplo, ofrecen hatha yoga a mujeres con cáncer de mama que están en tratamiento de radiación.

El programa con el que iniciaron estos estudios, hace unos seis años, fue el de yoga tibetano con pacientes con linfoma. Los primeros resultados mostraron que los enfermos reportaron menos alteraciones en el sueño que el grupo de control. De ahí decidieron seguir con un grupo de mujeres con cáncer de mama que estaban bajo quimioterapia o acababan de terminarla.

Reacciones secundarias

Uno de sus estudios más importantes actualmente busca los beneficios del yoga tibetano en mujeres con cáncer de mama que reciben quimioterapia. Quieren ver si se pueden “disminuir los efectos negativos de la quimioterapia, como la fatiga, la náusea, las variaciones en el humor, los problemas para dormir, y permitir a los pacientes mantener su calidad de vida mientras están en tratamiento y recuperarse más rápido después”.

El estudio, que hoy lleva dos años, involucrará en total a 300 mujeres, asignadas de manera aleatoria a uno de estos grupos: 100 hacen yoga tibetano, 100 hacen simples ejercicios de estiramiento y otras 100 no hacen nada. Cohen calcula que en un par de años podrán analizar los resultados.

Si bien trabajan con mujeres con cáncer de mama por haber una población grande, el investigador no ve ninguna razón por la cual los estudios no podrían ser útiles para otros tipos de cáncer.

Otro de los programas usa meditación tibetana con sonido, también con mujeres con cáncer de mama (un grupo de 40), en particular intentando ayudarlas a mejorar sus funciones cognitivas. “Un efecto secundario de la quimioterapia que muchas mujeres sufren es la dificultad para pensar, para recordar las cosas, para hacer varias cosas a la vez, y eso puede durar mucho tiempo”, explicó Cohen.

“Hay razones para creer que meditar puede ayudar a las mujeres a recuperar sus habilidades cognitivas”, siguió.

Lama Tenzin Wangyal Rimpoché, maestro de la tradición bön, trabaja con el centro MD Anderson. La práctica de meditación con sonido que los pacientes llevan a cabo es de esta tradición bön. Él participará en la conferencia del día 7 y guiará a los asistentes para que experimenten una práctica de meditación con sonido.

Además intervendrá en la conferencia Alejandro Chaoul, quien también trabaja en el Centro del Cáncer MD Anderson, y “hablará sobre las aplicaciones de los programas (mente-cuerpo) en contextos médicos”, dijo Cohen.

En el Centro del Cáncer MD Anderson también llevan a cabo programas que trabajan con tai chi y acupuntura.

Emplean la acupuntura para ayudar a controlar el cáncer y los síntomas relacionados con su tratamiento. También investigan algunos productos del mundo animal, así como hierbas y suplementos.

Por último, Cohen recomendó a todos los enfermos de cáncer que “es muy importante que incorporen algo (como yoga o meditación) a su plan de tratamiento para ayudar en el proceso de recuperación”.

El Encuentro entre ciencia y meditación, con la participación de Lorenzo Cohen, Lama Tenzin Wangyal Rimpoché y Alejandro Chaoul se llevará a cabo el 7 de noviembre a las 18:30 horas en la Universidad La Salle, Benjamín Franklin 47, colonia Escandón. Informes: 5660-4147. Descuentos a enfermos de cáncer. La Jornada

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