1.- Tomar ocho vasos de agua al día

Pese a las frecuentes menciones en la prensa popular sobre la necesidad de tomar ocho vasos de agua por día, los expertos no encontraron sustento científico para esa afirmación.

La completa falta de evidencia fue registrada en un estudio publicado en American Journal of Psychology, expresaron los autores de la revisión.

2.- Leer en ambientes con luz tenue arruina la vista
La mayoría de los expertos en visión cree que es poco probable que esto produzca un daño permanente a los ojos, aunque podría generar estrabismo, mayor parpadeo y problemas para focalizar, dijeron los investigadores.

3.- Afeitarse hace que el vello crezca nuevamente más rápido y con mayor grosor
La afeitadora no afecta el espesor o la tasa de regeneración del cabello, indican estudios. No obstante, el vello que crece luego de afeitarse carece de la punta más fina que posee el cabello sin rasurar, lo que genera la impresión de que es más espeso.

4.- Comer pavo da sueño
El alimento posee un aminoácido llamado triptófano que está involucrado en el sueño y el control del humor. Pero el pavo no tienen más cantidad de ese aminoácido que el pollo o la carne picada. Comer y beber mucho en Navidad es verdaderamente la causa de la somnolencia.

5.- Usamos solamente un 10 por ciento de nuestro cerebro
Este mito proviene de 1907, pero las imágenes de la región corporal muestran que ninguna zona del cerebro permanece quieta o completamente inactiva.

6.- El cabello y las uñas siguen creciendo después de la muerte
Esta idea proviene de los cuentos macabros. Los investigadores dijeron que la piel se seca y se retrae después de la muerte, lo que genera la apariencia de que el pelo y las uñas están más largas.

7.- Los teléfonos móviles son peligrosos en los hospitales
Pese a la gran preocupación, una serie de estudios hallaron que la interferencia de los teléfonos celulares con el equipamiento médico es mínimo.

La investigación fue dirigida por Aaron Carroll, profesor asistente de Pediatría del Instituto Regenstrief en Indianapolis, y Rachel Vreeman, de la Escuela de Medicina de la Indiana University. Reuters

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