Los científicos están comprendiendo mejor lo que ocurre en el cerebro de una persona cuando se asusta, y consideran que entender la forma en que el miedo nos hace reaccionar puede derivar en tratamientos para enfrentar un grave problema médico: Cómo controlar el temor irracional.

“Estamos logrando muchos progresos”, dijo Stephen Maren, profesor de psicología en la Universidad de Michigan. “Tomamos todo lo que hemos aprendido de los estudios básicos en animales y lo llevamos a las prácticas clínicas que pueden ayudar a la gente. La información comienza a encajar en una forma muy importante”.
El miedo es básicamente una emoción primaria, crucial para la supervivencia y la evolución. Tanto los humanos como los animales la experimentan. La genética tiene una función pertinente en el desarrollo del miedo abrumador e innecesario, según los psicólogos. Sin embargo, también las experiencias traumáticas inciden en ello.

“El miedo es algo muy curioso”, dijo Ted Abel, investigador de la Universidad de Pensilvania. “Uno necesita una dosis suficiente de él, pero no demasiado”.

Armi Rowe, escritora y madre de familia en Connecticut, relata que era antes una persona capaz de permanecer tranquila bajo presión. No dudaba en esquiar por la ladera peligrosa de una montaña nevada.

Pero un día, mientras un par de familiares cercanos estaban muy enfermos, Rowe sintió un ataque de pánico cuando conducía un vehículo sola. Experimentó un dolor que le oprimía el pecho y llamó al servicio de emergencias.

“El miedo prácticamente me paralizó”, dijo.

Fue un ataque de ansiedad, el primero de muchos.

“Existe un truco en el ataque de pánico”, dijo David Carbonell, psicólogo de Chicago, especializado en la atención de los desórdenes de ansiedad. “Uno experimenta una gran incomodidad, pero se engaña y trata ese sentimiento como si fuera un peligro”.

Actualmente, gracias a la asesoría especializada, los ejercicios de relajación y la introspección, Rowe sabe cómo detener o al menos minimizar esos ataques a tiempo.

Los científicos creen que pueden mejorar el proceso para controlar el miedo si conocen la forma en que esta emoción se transmite por el cerebro y el cuerpo.

El detonador del miedo es la amígdala, una estructura profunda del cerebro, con la forma de una almendra.

La amígdala no es responsable de todas las respuestas de una persona atemorizada, pero es una especie de alarma que conecta con todo lo demás, dijo Elizabeth Phelps, psicóloga y profesora de la Universidad de Nueva York.

Michael Davis, psiquiatra y profesor de la Universidad de Emory, descubrió que cierta reacción química en la amígdala es crucial en la forma en que los ratones y la gente aprenden a superar sus temores. Cuando esa reacción es desactivada en los ratones, nunca aprenden a controlar el miedo.

El trabajo es promisorio, pero Maren advierte: “No es todavía posible tomar una píldora y hacer que esto desaparezca”. El Economista

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