Los hombres y mujeres mayores que sufren angustia emocional crónica correrían mayor riesgo de desarrollar demencia, según reveló una nueva investigación.

Los científicos hallaron que los mayores niveles de angustia contribuirían a generar más posibilidades de que una persona padezca desorden cerebral degenerativo de un modo único y, muchas veces, no reconocido.

Sin embargo, la angustia no estuvo relacionada directamente con la formación de placa, ovillos y otros cambios cerebrales característicos de la enfermedad de Alzheimer y otras formas de demencia.
El doctor Robert Wilson, del Centro Médico de la Rush University en Chicago, quien dirigió al equipo de investigadores, dijo que la angustia emocional crónica ayudaría a causar demencia mediante un mecanismo “distintivo”.

En un estudio publicado en la revista Psychosomatic Medicine, los expertos analizaron a personas mayores, incluido un grupo de sacerdotes católicos y monjas, cuya salud había sido controlada desde 1994.

Al comienzo del estudio los participantes habían completado cuestionarios sobre varias mediciones de angustia crónica, como la tendencia a la ansiedad y los síntomas de depresión.

Durante la investigación, 219 voluntarios murieron. Las autopsias de sus cerebros mostraron que 95 de ellos habían padecido demencia antes de morir.

No obstante, casi todas las autopsias cerebrales indicaron cierta evidencia de anormalidades que son indicadoras de la presencia de demencia, en su mayoría depósitos de proteína conocidos como placa u ovillos.

Los investigadores hallaron que, si bien los mayores niveles de angustia se relacionaron con un mayor riesgo de demencia, la angustia no estuvo ligada al grado cambios relacionados con la demencia observados en el cerebro.

Wilson dijo que la investigación animal apunta ciertas posibilidades.

Los animales expuestos a condiciones estresantes muestran pérdida cerebral y otros cambios en algunas áreas. También existen problemas de aprendizaje y memoria que sugerirían que la angustia emocional persistente podría tener efectos similares en las personas.

Si la investigación futura muestra que esto es así, podrían abrirse nuevos caminos para desacelerar o reducir el riesgo de demencia.

“Si estos estudios animales son correctos, podrían ser de un enorme uso práctico”, concluyó Wilson. Reuters

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