El sueño lúcido consiste en, durante un sueño, adquirir consciencia de que se está soñando. Esto puede parecer sencillo, pero si algo tienen los sueños es que son extremadamente convincentes. Si no lo crees acuérdate de cómo te despertaste de tu última pesadilla.

Pero luego entraremos en detalles. De momento me gustaría aclarar que los sueños lúcidos, al contrario que el hombre de las nieves, están aceptados de manera científica. Son completamente seguros y sanos y no interfieren en la recuperación del organismo.

La principal ventaja de adquirir consciencia dentro de un sueño es la de poder modificar su curso. Con un poco de práctica uno puede recrear situaciones que han sucedido o realizar acciones que son poco susceptibles de tener un final feliz en la realidad, como puede ser trajinarse a la panadera en la trastienda y que además le guste. Aparte de las posibilidades sexuales existen otras, pero ruego al lector que me perdone si me pierdo siempre por los mismos derroteros. No sólo alergias produce la primavera.

Cada noche soñamos entre cuatro y seis veces, el problema es que generalmente cuando nos despertamos hemos olvidado completamente todas y cada una de estas experiencias. Yo mismo soy de los que podría haber dicho “hace meses que no sueño”.

Hay gente que es más susceptible a recordar los sueños y sus detalles, pero en general ni siquiera seremos conscientes de haber tenido un sueño en toda la noche a menos que haya sido uno de esos desagradables en los que se te caen los dientes, sueñas que estás en la universidad porque se ha descubierto de que en realidad no aprobaste tu último examen, o sueñas que yaces con la panadera gorda del otro lado de la calle y ella está encima y tú no puedes respirar y te despiertas entre sofocos y sudores.

Las ventajas de los sueños lúcidos son casi infinitas:

  • Puedes recrear situaciones agradables y vivirlas una y otra vez.
  • Puedes crear nuevas situaciones que te gustaría experimentar. Puedes estar tomando ron con cola en una playa del caribe o en la cama con Sophia Loren en sus buenos tiempos.
  • Puedes trabajar durante tus horas de sueño, si es que algo así es deseable. Si tienes poco tiempo, puedes estar toda la noche repasando un examen sentado en tu onírica mesa de estudio.
  • Puedes recorrer las calles sembrando el caos con tus superpoderes, volando y arrojando tela de araña aquí y allá. ¿Por qué contentarse sólo con un superpoder como los héroes convencionales? Ver a través de la ropa será algo que en seguida se te quedará pequeño.
  • Puedes practicar situaciones complicadas para mejorar tus habilidades sociales, como hablar frente a una gran audiencia. Imagina que quieres pedirle un aumento a tu jefe y temes que te termine atacando con un pisapapeles. En tus sueños podrás practicar técnicas de guerrilla y probar una y otra vez maniobras de contra en las que acabas desarmándolo y clavándole un portaminas en la yugular.
  • Si sueles tener pesadillas, el hecho de tomar consciencia de que sólo se trata de un sueño te permitirá redirigir el curso de los acontecimientos y terminar con la fuente de tus desvelos.
  • ¿He dicho ya que se puede follar en sueños? ¿Qué te crees que era lo que pasaba cuando te despertabas con el pijama mojado y esta vez no te habías meado? Un poco de práctica onírica y siempre serán vacas gordas.

A estas alturas estamos todos convencidos de que los sueños lúcidos son fetén. Sólo quedan las cuestiones técnicas: ¿qué pinta tienen los sueños? ¿De verdad son tan reales? ¿Los veré en color o en blanco y negro? ¿A qué resolución?

Como si estas fueran cosas que importaran mucho. Te estoy diciendo que le puedes tocar las tetas a la cajera del supermercado y en te aplaudirán en la cola, ¿qué más te da si es en CGA, a 320×200 y en cuatro colores? ¡Lo que te tiene que preocupar es despertar!

En cualquier caso, puedo asegurar que los sueños son extraordinariamente reales. La mayor parte de las veces uno no se da cuenta de que está soñando porque todo es tan vívido que no se te ocurre pensar que en realidad puedas estar tumbado en la cama. Estás acostumbrado a que todo lo que te rodee sea real, así que no te detendrás a cuestionar un sueño aunque un elefante rosa doble la esquina y no sea viernes por la noche. Es por eso que es tan complicado adquirir consciencia dentro de un sueño. Uno de los primeros pasos para tener acceso a los sueños lúcidos es cuestionarse la realidad cada media hora.

El mecanismo básico es el siguiente: estamos soñando y de repente sucede algo que nos llama la atención. Entonces hacemos una comprobación de realidad y, si estamos seguros de que se trata de un sueño, adquirimos la lucidez e intentamos que dure el mayor tiempo posible, cosa harto complicada al principio debido al estado de excitación que produce la sensación las primeras veces.

Veamos los pasos pasos fundamentales para iniciarse en todo este asunto.

1. Diario de abordo

El primer peldaño de la práctica consiste en llevar un diario de sueños. Se trata de dejarse un cuaderno junto a la cama y, cuando te despiertes a las cuatro de la mañana con la babilla rebosando por las comisuras y recién soñado, tener los cojones de tomar el cuaderno y apuntar lo que acabas de soñar. El concepto es sencillo, pero la práctica será la que diferencie a los que realmente tienen interés de los curiosos aficionados. Puedo asegurar que ponerse a escribir un sueño recién aterrizado en la realidad es una tarea titánica, intentando mantener los ojos abiertos para ver si estás apuntando sobre el papel o incluso si lo que tienes entre las manos es realmente un bolígrafo.

El asunto del cuaderno tiene dos intenciones principales:

  • Mantenerte centrado en tus intenciones de recordar los sueños.
  • Buscar elementos comunes en tus expediciones oníricas, situaciones que se repitan o personajes que aparezcan de manera recurrente y que luego harás servir de punto de apoyo para plantearte la verosimilitud de lo que está sucediendo.

Cuando empecé el experimento debo reconocer que, aunque ilusionado, me encontraba ciertamente escéptico. No recordaba haber soñado nada en semanas o meses. Esa misma noche, sólo por el hecho de antes de dormir hacer el firme propósito de recordar los sueños al despertarme, pude hacer dos entradas en el diario de abordo. El poder del subconsciente, hay que joderse.

Por otra parte, hay sueños recurrentes: a veces sueñas que se te caen los dientes, en otras ocasiones vuelas, en otras te encuentras de vuelta en la universidad haciendo un examen que creías ya aprobado, y otras veces sueñas que estás meando una y otra vez y tu vejiga sigue a punto de reventar porque en realidad estás en la cama con el edredón hasta el cuello. Si tienes algo de práctica, la próxima vez que te des cuenta de que has ido al baño cinco veces y te sigues meando sabrás que es un sueño. Ve corriendo a tocar un par de culos antes de terminar por hacerte en la cama.

2. Reality checks

Un reality check o comprobación de la realidad es exactamente lo que su nombre indica: asegurarse de que lo que estás viviendo es la realidad y no un sueño. Puede sonar paranoico, pero es lo que hay. Las implicaciones filosóficas las dejaremos para otro día, pero que sepas que la única manera en la que podrías demostrar que esto que estás leyendo ahora mismo no forma parte de un sueño sería despertándote.

Deberemos pues hacer una serie de comprobaciones a lo largo del día para asegurarnos de que lo que nos rodea es completamente real y no el fruto de nuestra febril imaginación. Hay una serie de checks que se deben utilizar en combinaciones de no menos de dos:

  • Taparse la nariz y comprobar si se puede seguir respirando. En los sueños no suele representar mayor problema.
  • Mirarse en un espejo. En los sueños las reflexiones en los espejos suelen resultar bastante irreales. Comprueba que corte de pelo es el que llevas últimamente y que la ropa que llevas puesta es tuya. Si te miras y ves que llevas un corpiño rosa es que se trata de un sueño, y además uno chungo. No vuelvas a comer macarrones antes de irte al catre.
  • Cuéntate el número de dedos. En los sueños es relativamente normal tener cinco, seis o siete dedos en cada mano, cosa que en generalmente considerarás perfectamente dentro de un orden. Algo práctico y discreto es utilizar un pulgar para tocarte los cuatro dedos restantes. Si cuentas más de cuatro, estás en un sueño.
  • Busca algo que leer y échale un vistazo, algo así como un cartel o algo bien visible. Léelo con atención, aparta la vista y vuélvelo a leer. Si la segunda vez pone algo diferente, o bien estás en un sueño o has perdido la chaveta. Puedes usar un libro que encuentres por ahí y releer algunas líneas que acabas de recorrer. Es francamente difícil leer dos veces la misma frase en un sueño.
  • Si tienes un reloj digital, mira la hora, luego vuelve tu vista a cualquier cosa y después mira la hora de nuevo. Si ves otra hora diferente es porque estás en plena expedición onírica.
  • Enciende y apaga un interruptor de la luz. Si el interruptor no funciona es porque estás en la cama con los ojos cerrados y empezando a flipar.
  • Mira el secundero de tu reloj, si estas soñando este no avanzara.
  • Intenta mover objetos o transformar a gente en otras cosas. Insisto en que en tus sueños tendrás habilidades de lo más peregrinas.

Estos son sólo algunos de los tests de realidad que existen. Debes intentar llevarlos a cabo entre veinte y treinta veces al día. El objetivo es acostumbrarte a cuestionar la realidad de lo que te rodea de manera que también lo llegues a hacer durante la noche.

Por otra parte, como ya he comentado, existen sueños recurrentes que nos pueden ayudar a identificar nuestro estado de transposición. Por lo visto es común soñar que se te caen los dientes o que tienes que repetir exámenes que ya has superado, quizá soñar que no haces más que mear o rebozarte en alguna pesadilla que tengas todas las semanas. Ya sabes, en cuanto veas venir alguna de estas cosas, espabila porque estás soñando.

Para todo aquel que se quiera iniciar en la práctica de este curioso deporte, lo primero es centrarse en la evocación de los sueños. Sería muy triste tener un sueño en el que te trajinas a la McPherson y luego no poder acordarte para contárselo a tus amigos. Empieza con un cuadernillo al lado de la cama y haciendo la firme intención de recordarlo todo al despertarte. En unos pocos días serás capaz de evocar dos o tres sueños cada noche y estarás llenando una libreta de historias psicodélicas con la que luego te podrás echar unas risas. Eso está muy bien, pero si no perseveras en tus comprobaciones de realidad nunca podrás estar despierto dentro de un sueño porque no serás capaz de discernir que estás en uno. Via

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