Las conductas autodestructivas son cada vez más comunes en nuestra sociedad, especialmente en adolescentes. Entre ellas están las llamadas autolesiones, que implican hacerse daño físico para aliviar el daño psicológico y la tensión producida por estas emociones.

Al experimentar una intolerable sensación de angustia y no poder o saber expresarse de otra forma, la persona se autolesiona de manera repetitiva con el daño físico como resultado.

Pero esta conducta no sólo está asociada a periodos de angustia sino también a otras patologías sicológicas, tales como el Trastorno de Personalidad Limítrofe (TPL) o psicosis. Se ve en todas las edades e incluso en la infancia, cuando todavía no se puede diagnosticar trastornos de personalidad.

“Las autolesiones se dan en distintos desórdenes y no son exclusivas de las depresiones o psicosis. Se da mucho en personalidades limítrofes y tienen distintos significados según la persona que lo está haciendo y el cuadro sintomatológico que tenga”, explica la psicóloga Sandra Titelman.

El TPL, por ejemplo, es un trastorno en el que aparece una marcada predisposición a actuar de un modo impulsivo sin tener en cuenta las consecuencias, con una inestabilidad respecto a la vivencia de la propia imagen, de las relaciones interpersonales y del estado de ánimo.

En todas las edades
Según la psicóloga Beatriz Carrasco, esta conducta “surge en adolescentes que tienen una alta angustia mantenida, no como una crisis súbita. Es decir, en adolescentes especialmente impulsivos, que tienen un déficit de autocontrol y de organización armónica de personalidad, y por eso hay que apoyarlos hasta que logren auto-regularse respecto al medio”, explica.

Pero no es un trastorno exclusivo de adolescentes. La especialista ha visto casos en niños desde dos años de edad. “Si los padres están muy alterados, repiten la conducta por llamar la atención”, señala.

Por eso, una de las variables que explicarían esta conducta ¿además del cruce con otras patologías- sería la relación establecida con los padres en cuanto al apoyo y comunicación establecida desde temprana edad.

Investigaciones sobre la incidencia de los comportamientos autolesivos señalan que en los niños normales se da en aproximadamente el 7% y que esta frecuencia se incrementa a una proporción de entre el 8% y el 14% en los niños psiquiátricos, especialmente en los esquizofrénicos y en los que poseen un bajo cociente intelectual.

Conducta auto- lesiva
Este comportamiento puede ir desde manifestaciones moderadas hasta otras más graves. Las más frecuentes son cortarse la piel, golpearse en la cabeza, morderse los dedos o las manos, tirarse del pelo, quemarse y morderse las uñas. Incluso hay personas que llegan al extremo de automutilarse.

Al autolesionarse, la persona logra tener algún alivio del dolor, miedo o ansiedad que la atormenta. Muchas veces pensar en dejar este comportamiento parece imposible, ya que no conocen otra forma de manejar esas emociones dolorosas.

“Son formas de agresión autoinfundida que la gente no se puede explicar a sí misma. La sensación que tiene la persona es que es algo automático que les ocurre y no pueden controlar. Tiene que ver con los impulsos y en terapia, precisamente el objetivo es ver cuál es el impulso para que la conciencia lo medie y poder evitarlo”, explica la sicóloga Sandra Titelman.

Tratamiento
El tratamiento depende del diagnóstico a que esta conducta esté asociada. “Llegar a inflingirse autolesiones responde a un cuadro más severo, relacionado a personalidades limítrofes en la mayoría de los casos. El tratamiento requiere de una mezcla de psicofármacos y psicoterapia o sólo esta última, en casos menos graves”, explica Titelman.

Lo importante es iniciar el tratamiento lo antes posible. “Normalmente como los síntomas son tan evidentes, los pacientes son traídos por sus propios familiares a terapia. Los medicamentos dependen mucho del cuadro, pero tienen que ver con control de la impulsividad y de la angustia”, agrega la psicóloga.

La forma de abordar este comportamiento en los hijos no debe ser el recomendar omitir esa acción, ya que esto resulta contraproducente. Algunos especialistas recomiendan intentar reemplazarla por otras que causen el mismo efecto y no sean lesivas. Sin embargo como se trata de expresiones graves de trastornos sicológicos, lo mejor es consultar un especialista. Terra Chile

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